El padre Jacobo dice que no, pero yo estoy seguro de que he estado en más bodas que él. Dice que ese es su trabajo, que es cura y por eso me gana. Cosa que no es cierta, yo también trabajo en bodas, y no sólo en las católicas. He cantado en matrimonios evangélicos, protestantes, mormones, judíos y últimamente me estoy llenando con los gays.
La gente dice que tengo buena voz, y es verdad. Aún así, más que por la voz, los anfitriones me contratan porque tengo chispa. Si, chispa. Siempre se me ocurre algo qué decir en el momento preciso y todos se ríen. Además, aguanto muy bien a la gente que le entra la vena artística después de tomarse dos cervezas. Yo toco la guitarra y ellos se desgañitan, ahí aprovecho para pensar en mis cosas y me pongo la máscara de la sonrisa.
A Sofía la conocí en una de esas bodas. Como siempre, los amigos de unos amigos habían decidido ser originales y casarse en la playa. Ella con flores en la cabeza, él con camisa blanca de algodón. Querían que les cantara unas baladas durante la ceremonia y que luego entretuviera a sus amigos con un poco de trova cubana. Más de lo mismo y con la misma condición de siempre: ya no canto “Yolanda”, se agotó.
Mis ojos oyeron, ese día. Las perfectas líneas de sus caderas bajo ese vestido rojo chillón, hacía un sonido imposible de ignorar. La tensión de sus piernas sobre los altísimos tacones (a pesar de estar en la playa) prometía volverme loco. El movimiento rítmico de sus brazos al andar era un baile glorioso.
Sus ojos. Sus ojos sonreían, buscaban, miraban. Y yo, al encontrarlos, me quedé mudo. Respiré profundo y conté mentalmente hasta donde pude, de forma incoherente, repitiendo números, perdiendo la cuenta. Respiré otra vez profundo para poder hacer mi trabajo. Volví a mirar a la profundidad perdida de sus ojos, y canté. Esta vez como un ángel, canté sólo para ella.
Mis pensamientos se quedaron suspendidos como en una cuerda de tender la ropa, al viento. Mientras la gente se reía, comía, bebía y bailaba con la orquesta, yo la miraba e intentaba disimular. Su marido estaba con ella.
Al final de la noche, sólo quedaba un grupo. Todos alcoholizados, por supuesto. Era el momento de Silvio Rodríguez, de Pablo Milanés, de Aute, de Cortez. Nos sentamos todos en la arena. La luna estaba llena y era la única luz a esas horas. Algunos seguían bebiendo, otros fumaban porros. Una pareja, que se conoció en la boda, no paraba de besarse. Sofía, a mi lado, esperaba el primer acorde mirando las estrellas y hacía breves comentarios con ese acento andaluz que se metía en el fondo de mi estómago.
Comencé a cantar “El breve espacio en que no estás” y todos callaron. Veían cómo mis dedos tocaban la guitarra. Pero la luz de la luna se dio cuenta, y arrojó la sombra de mis dedos sobre su rostro para que pudiera acariciarlo… la prefiero compartida antes que vaciar mi vida, no es perfecta, más se acerca a lo que yo…simplemente soñé.
* Dedicado a José Luis
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jueves 31 de agosto de 2006
miércoles 7 de junio de 2006
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Quédate a vivir en mi cuello, que es olor a café recién colao cuando tú llegas y estación de trenes desierta cuando te vas...
Instálate en mis oídos, que son feria y multitud con tus palabras, y sala de espera de hospital con tu silencio...
Duérmete en mi pecho, que es mar azul y libre cuando reposas, y tierra árida sin tu peso...
Proyéctate en mis ojos, que son lago cristalino cuando los miras, y espejo roto sin tu imagen...
Adhiérete a mis labios, que son suaves e intensos cuando te sienten, y flor marchita si no presienten tu lengua...
Entra por siempre en mi cuerpo, que es hogar, fuego, azul y luna contigo dentro...y un amasijo de piel y huesos cuando no estás...
Instálate en mis oídos, que son feria y multitud con tus palabras, y sala de espera de hospital con tu silencio...
Duérmete en mi pecho, que es mar azul y libre cuando reposas, y tierra árida sin tu peso...
Proyéctate en mis ojos, que son lago cristalino cuando los miras, y espejo roto sin tu imagen...
Adhiérete a mis labios, que son suaves e intensos cuando te sienten, y flor marchita si no presienten tu lengua...
Entra por siempre en mi cuerpo, que es hogar, fuego, azul y luna contigo dentro...y un amasijo de piel y huesos cuando no estás...
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