

Mi casa no está muy limpia, pero en mi habitación hay una pared azul, con estrellas y una luna que brillan en la oscuridad.
Sólo hay tres sillas en el salón, pero hay cojines de colores y tapices güajiros en las paredes. A veces también hay niños preciosos gateando en el suelo y haciendo sus ruiditos.
No hay calefacción ni aire acondicionado, pero a la gente le gusta refugiarse en ese salón oscuro, que también tiene una luna y una lámpara de lava roja.
Todas las mañanas huele a café con canela. Algunos domingos a perico y arepa.
Hay miradas y sonrisas atrapadas en tantas fotografías, flores de colores que giran en los balcones y vainilla en forma de velas.
Falta el dinero, la mayoría de las veces, pero sobran (si es que eso puede sobrar)las letras, el cine y la música.
En mi casa cada quien opina lo que quiere. No hay censuras, y sí muchos abrazos.
Mi casa no es mía, pero su dueño jamás tendrá lo que tengo yo, un hogar.
*Gracias, Pili, también haces que así sea.
