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martes 18 de septiembre de 2007

Larita


Sonó el timbre de salida y fui a esperar que pasaran a buscarme. Me pareció raro ver que llegaba mi tía Maritza, ella no era quien normalmente me recogía en el colegio.

¿Adivina qué tuvo tu mamá? –me dijo- y yo, con los dientes apretados, deseando que se hicieran realidad mis deseos, le respondí “hembra”.

Han pasado 26 años de ese momento, pero yo lo recuerdo tan nítido como si hubiese sido ayer. Fue un de esos pocos instantes de felicidad absoluta, en los que crees que no puedes esperar más de la vida.

Puede ser que no me acuerde de muchas cosas, que tenga una memoria desastrosa. Pero de esa enanita con cara gordita que dormía enrollada boca abajo, tendré la imagen siempre. Hermosa, sonriente, parlanchina.

Era como mi muñeca. Si lograba dormirla, era una hazaña. Enseñarla a leer, una de mis grandes victorias. Como ella, que es una Victoria de la vida. Cachetes y risa, pipiola, coro cora, cambur con miel, tajadas con chizwiz, mandocas y tequeños con salsa de tomate.

Sabia liliputiense, una vez preguntaste “¿es lo mismo pistolada que disparate?” y comencé a admirarte un poquito más. Otra vez dejaste pasmadas a unas niñas con tu perfecta explicación de cuatro años sobre microscopios y microbios. Ya yo sabía lo que eras, ahora les tocaba a los demás sorprenderse contigo.

Ternura con pies, palabra antes que cuerpo, distracción sin límites.

Siempre ilusa, pensando en seguir mi ejemplo. Preguntando, curiosa, diferente, maravillosa.

Eres una mujer. Eso dice el espejo, mis ojos, tu cédula, el tiempo, tus logros. Pero aún así, quiero tener siempre el privilegio de darte consejos. Si digo disparates (o pistoladas) tú finge y haz que me escuchas atentamente. Me gusta sentirme tu hermana mayor.

Feliz cumpleaños Larita, la hirma.

sábado 9 de septiembre de 2006

Victoreto



“Tu hijo va a ser el orgullo de la familia. Él y su guitarra van a recorrer el mundo”. Eso le dijo una bruja a mí mamá hace un montón de años. Ella veía el futuro de la gente a través de la cédula. La ponía detrás de una lupa de esas de hacer limpieza de cutis y soltaba su perorata de augurios, buenos y malos.

Recuerdo que cuando tú eras un peloncito de pocos meses y yo tenía tres años (juro que lo recuerdo) iba por ahí diciéndoles a todos mis amiguitos que tú eras el bebé más bello del mundo. Y lo eras.

Después pasaste a ser ese personaje molesto a más no poder que se llama hermano menor, pero qué remedio, ahí estabas. Fiebrúo, totalmente fiebrúo. Primero, los muñequitos de la Guerra de las galaxias, después los de he-man (hasta que te robaron una bolsa llena por dejarlos en la escalera del edificio), luego los peces (tuviste dos peceras), mas tarde el heavy metal (grrrrrrr) y finalmente, definitivamente y afortunadamente, la guitarra.



También te dio por jugar fútbol, béisbol, hacer karate, atletismo, tocar melódica, redoblante, trompeta y cantar en un coro. Y luego, por estudiar periodismo, habrase visto.

Una vez me diste un golpe. Yo, que me aprovechaba de ser mayor, te perseguí por toda la casa y me vengué con unos cuantos. Sabías que no podías volver a pegarme, pero te daba rabia, así que te quejabas de que sólo me habías dado uno. “A palabras eléctricas, oídos desenchufados” te decía yo. “Mis palabras no son eléctricas” gritabas tú. El punto final, triste para ti, fue cuando mi papá llegó y te dijo que a las mujeres no se las tocaba ni con el pétalo de una rosa.

También otro día, disfrazándome de alguna cosa, te manché una de tus franelas OP, tesoros preciados. Aún hoy me lo recuerdas. Así como la vez que se disparó la alarma de la camioneta y yo me puse a llorar del susto, como una tonta.

Siento que crecí escuchando tus melodías. Tus errores al estudiar con la guitarra, que para mí fueron un privilegio. Una banda sonora para mi vida.

Luego te fuiste y fue duro, muy duro. Pero el viento soplaba a tu favor. Y hoy lo sigue haciendo. Me alegro de haber compartido la cara de satisfacción con la malta del camino, de todos los juegos y las risas y de que mis manos se parezcan tanto a las tuyas, aunque sean incapaces de crear tanta maravilla.

Me disculpo por tu OP, mis golpes y no estar cerca durante tantos años. Pero no olvido que fui tu primera fotógrafa y me siento terriblemente orgullosa de que la bruja vaya teniendo razón. Sigues siendo el principal en mi banda sonora. Te quiero.