La busaca está medio vacía porque me fui. Me distraje con la vida, con el trabajo, con el amor...me distraje de mi propia busaca y ahora necesito volver a ella, meterme en el fondo y que me la vayan llenando de cositas.
Voy a meter un fondo de algodón y pétalos, intrascendencias de las de siempre, nuevos perdones y días por estrenar.
Hoy empieza a correr el faltímetro de ser feliz.
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
viernes 9 de mayo de 2008
jueves 14 de febrero de 2008
¿Qué es el amor?
Todos hemos expresado muchas veces que sentimos amor por alguien, pero ¿quién sabe realmente lo que es el amor? Para unos será lo mismo que la pasión, para otros será comprensión o cariño, para otros compañía o solidaridad. Otros pensarán que es una cosa que no existe. Para las tiendas es la mejor manera de sacarle dinero a la gente el 14 de febrero de cada año. Para los sitios de contacto, la mejor manera de sacarle dinero a la gente todo el año.
Hoy, para celebrar el día de San Valentín, he decidido preguntarles a unos cuantos amigos qué era para ellos el amor. Sé que es una pregunta difícil, pero les pedí que respondieran lo primero que les viniera a la mente, sin pensarlo mucho. Y he aquí algunas de las respuestas, incluida la mía. Es sorprendente la variedad, pero no me atrevería jamás a decir que alguna es la cierta. Todas lo son.
- “Es un estado. Te sientes atraida hacia otra persona, con la que quieres pasar tiempo, compartir cosas físicas y espirituales...”
- “Una reacción química que no entiende de leyes químicas”
- “Es el estado de embriaguez que sufre una persona, provocado por otra persona”
-“Para mí, el amor amado es una mierda……………… No recuerdo haber sido feliz gracias al amor durante más de minutos. Firmado: Resentida. Prefiero el resto de amores”.
-“Paz. Tirar las barreras que hoy en día hacen que las personas estemos tan lejos los unos de los otros”
- "El amor es un vacío que te entra en el estómago cada vez que piensas en esa persona y que a veces te hace llorar de alegría"
- "El amor es... (como las barajitas, jijiji) : disfrutar el milagro del encuentro, maravillarse del sortilegio de verse y reconocerse en la mirada del otro... sumar a tu perspectiva del mundo, la perspectiva del otro... en la calle y en la cama ser mucho más que dos... Amo, ergo, soy".
Querido Busaquero ¿qué es el amor?
Gracias a Marta, Eddy, Toni, Vicky, Betsa y Mateo.
Hoy, para celebrar el día de San Valentín, he decidido preguntarles a unos cuantos amigos qué era para ellos el amor. Sé que es una pregunta difícil, pero les pedí que respondieran lo primero que les viniera a la mente, sin pensarlo mucho. Y he aquí algunas de las respuestas, incluida la mía. Es sorprendente la variedad, pero no me atrevería jamás a decir que alguna es la cierta. Todas lo son.
- “Es un estado. Te sientes atraida hacia otra persona, con la que quieres pasar tiempo, compartir cosas físicas y espirituales...”
- “Una reacción química que no entiende de leyes químicas”
- “Es el estado de embriaguez que sufre una persona, provocado por otra persona”
-“Para mí, el amor amado es una mierda……………… No recuerdo haber sido feliz gracias al amor durante más de minutos. Firmado: Resentida. Prefiero el resto de amores”.
-“Paz. Tirar las barreras que hoy en día hacen que las personas estemos tan lejos los unos de los otros”
- "El amor es un vacío que te entra en el estómago cada vez que piensas en esa persona y que a veces te hace llorar de alegría"
- "El amor es... (como las barajitas, jijiji) : disfrutar el milagro del encuentro, maravillarse del sortilegio de verse y reconocerse en la mirada del otro... sumar a tu perspectiva del mundo, la perspectiva del otro... en la calle y en la cama ser mucho más que dos... Amo, ergo, soy".
Querido Busaquero ¿qué es el amor?
Gracias a Marta, Eddy, Toni, Vicky, Betsa y Mateo.
martes 2 de octubre de 2007
Grado 33
Son los que tengo, no puedo negarlos ni evitarlos.
Tampoco quiero.
Hoy me siento feliz.
Gracias a TODOS:
Papá-Mamá-Edmundo-La negra-El negro-Martín-Pepe-Betsa Vicky-Pablo-Sheila-Jesús-José Luis-Alfonso-Marta-Gus-Tía Purita-Pilar-Prendo-Juan-Pru-Lentejuela-Marcos-Tía Purita-Lulú-Andrea-Tía Mary-Tío Iver-Chuñi-Iver D.-CRis-Edgar-Christian-Corin-Joan-Jade-Alex-Karla-Victoria--Vero-Mary-Natalia-Cecilia-Joaquín-Adrián-Susana-Marcos-Ana Daniela-Jesús U-Nidia-Yarima-Leslie-Shirley-Andreína-Eze-Caro-Sr.Jesús-Sra.Cira-Teresa-Víctor-Adriana-Gabi-Iris-Max-Chapo-Gonzalo-Luisa-Natali-Hugo-Eli
Tampoco quiero.
Hoy me siento feliz.
Gracias a TODOS:
Papá-Mamá-Edmundo-La negra-El negro-Martín-Pepe-Betsa Vicky-Pablo-Sheila-Jesús-José Luis-Alfonso-Marta-Gus-Tía Purita-Pilar-Prendo-Juan-Pru-Lentejuela-Marcos-Tía Purita-Lulú-Andrea-Tía Mary-Tío Iver-Chuñi-Iver D.-CRis-Edgar-Christian-Corin-Joan-Jade-Alex-Karla-Victoria--Vero-Mary-Natalia-Cecilia-Joaquín-Adrián-Susana-Marcos-Ana Daniela-Jesús U-Nidia-Yarima-Leslie-Shirley-Andreína-Eze-Caro-Sr.Jesús-Sra.Cira-Teresa-Víctor-Adriana-Gabi-Iris-Max-Chapo-Gonzalo-Luisa-Natali-Hugo-Eli
Etiquetas:
amistad,
amor,
aniversario,
cumpleaños
martes 18 de septiembre de 2007
Larita

Sonó el timbre de salida y fui a esperar que pasaran a buscarme. Me pareció raro ver que llegaba mi tía Maritza, ella no era quien normalmente me recogía en el colegio.
¿Adivina qué tuvo tu mamá? –me dijo- y yo, con los dientes apretados, deseando que se hicieran realidad mis deseos, le respondí “hembra”.
Han pasado 26 años de ese momento, pero yo lo recuerdo tan nítido como si hubiese sido ayer. Fue un de esos pocos instantes de felicidad absoluta, en los que crees que no puedes esperar más de la vida.
Puede ser que no me acuerde de muchas cosas, que tenga una memoria desastrosa. Pero de esa enanita con cara gordita que dormía enrollada boca abajo, tendré la imagen siempre. Hermosa, sonriente, parlanchina.
Era como mi muñeca. Si lograba dormirla, era una hazaña. Enseñarla a leer, una de mis grandes victorias. Como ella, que es una Victoria de la vida. Cachetes y risa, pipiola, coro cora, cambur con miel, tajadas con chizwiz, mandocas y tequeños con salsa de tomate.
Sabia liliputiense, una vez preguntaste “¿es lo mismo pistolada que disparate?” y comencé a admirarte un poquito más. Otra vez dejaste pasmadas a unas niñas con tu perfecta explicación de cuatro años sobre microscopios y microbios. Ya yo sabía lo que eras, ahora les tocaba a los demás sorprenderse contigo.
Ternura con pies, palabra antes que cuerpo, distracción sin límites.
Siempre ilusa, pensando en seguir mi ejemplo. Preguntando, curiosa, diferente, maravillosa.
Eres una mujer. Eso dice el espejo, mis ojos, tu cédula, el tiempo, tus logros. Pero aún así, quiero tener siempre el privilegio de darte consejos. Si digo disparates (o pistoladas) tú finge y haz que me escuchas atentamente. Me gusta sentirme tu hermana mayor.
Feliz cumpleaños Larita, la hirma.
¿Adivina qué tuvo tu mamá? –me dijo- y yo, con los dientes apretados, deseando que se hicieran realidad mis deseos, le respondí “hembra”.
Han pasado 26 años de ese momento, pero yo lo recuerdo tan nítido como si hubiese sido ayer. Fue un de esos pocos instantes de felicidad absoluta, en los que crees que no puedes esperar más de la vida.
Puede ser que no me acuerde de muchas cosas, que tenga una memoria desastrosa. Pero de esa enanita con cara gordita que dormía enrollada boca abajo, tendré la imagen siempre. Hermosa, sonriente, parlanchina.
Era como mi muñeca. Si lograba dormirla, era una hazaña. Enseñarla a leer, una de mis grandes victorias. Como ella, que es una Victoria de la vida. Cachetes y risa, pipiola, coro cora, cambur con miel, tajadas con chizwiz, mandocas y tequeños con salsa de tomate.
Sabia liliputiense, una vez preguntaste “¿es lo mismo pistolada que disparate?” y comencé a admirarte un poquito más. Otra vez dejaste pasmadas a unas niñas con tu perfecta explicación de cuatro años sobre microscopios y microbios. Ya yo sabía lo que eras, ahora les tocaba a los demás sorprenderse contigo.
Ternura con pies, palabra antes que cuerpo, distracción sin límites.
Siempre ilusa, pensando en seguir mi ejemplo. Preguntando, curiosa, diferente, maravillosa.
Eres una mujer. Eso dice el espejo, mis ojos, tu cédula, el tiempo, tus logros. Pero aún así, quiero tener siempre el privilegio de darte consejos. Si digo disparates (o pistoladas) tú finge y haz que me escuchas atentamente. Me gusta sentirme tu hermana mayor.
Feliz cumpleaños Larita, la hirma.
Etiquetas:
amor,
aniversario,
cumpleaños,
hermanos,
Maracaibo
domingo 15 de abril de 2007
Dulces
Lentamente, intermitentemente o impetuosamente, una y otra vez el agua salada ha mojado mi rostro. Pocas y felices veces en los últimos años ha sido el mar. La mayoría de las veces han sido la tristeza, la rabia o la impotencia los motores del derrame.
Las estrellas de mi techo han sido testigos, pacientes, iluminando cada una de esas gotas de desaliento o desahogo. Ninguna ha abandonado. Son estrellas con esperanza porque alguna vez vieron otro tipo de llanto.
Yo había olvidado que el amor no sólo te causa dolor o angustia. Había olvidado que una sonrisa se te puede pegar a la cara al margen de tu voluntad y había olvidado que con la salida del sol también pueden salir tus propios colores.
Hoy las estrellas han recibido un regalo, un premio a su compañía y a sus rayitos de luz en la oscuridad. Tú y la suavidad de tus manos han estado junto a ellas y junto a mi piel, brillando. Hoy mi memoria a despertado a un viejo recuerdo. He descubierto, como una niña pequeña, que en una explosión de felicidad también se puede llorar. Y esas lágrimas han resultado ser dulces.
Las estrellas de mi techo han sido testigos, pacientes, iluminando cada una de esas gotas de desaliento o desahogo. Ninguna ha abandonado. Son estrellas con esperanza porque alguna vez vieron otro tipo de llanto.
Yo había olvidado que el amor no sólo te causa dolor o angustia. Había olvidado que una sonrisa se te puede pegar a la cara al margen de tu voluntad y había olvidado que con la salida del sol también pueden salir tus propios colores.
Hoy las estrellas han recibido un regalo, un premio a su compañía y a sus rayitos de luz en la oscuridad. Tú y la suavidad de tus manos han estado junto a ellas y junto a mi piel, brillando. Hoy mi memoria a despertado a un viejo recuerdo. He descubierto, como una niña pequeña, que en una explosión de felicidad también se puede llorar. Y esas lágrimas han resultado ser dulces.
miércoles 21 de marzo de 2007
Paco tiene nueva vida
Finalmente, la suerte le ha sonreido a Paco. Su vida ha dado un vuelco completo.
No es que antes tuviera una mala vida. Antes lo que estaba era cansado. Muy cansado de ese trabajo fácil, mecánico, aburrido. Era vendedor en una tienda pequeñita. Se llevaba genial con los clientes, casi todos fijos. No le pagaban mal y le quedaba mucho tiempo libre.
Pero él quería más, sabía que éra capaz de estar en un lugar donde su cerebro no fuera un trapo más colgado de una percha.
Su vida personal tampoco era para tirar cohetes. Salía de vez en cuando por ahí, se tomaba un trago y miraba a la gente. Escogía. No le resultaba nada difícil ligarse a alguna para pasar la noche, pero nunca encontraba a aquella que volara. Se sentía sólo.
Ahora todo es diferente. Como si de frotar una lámpara mágica se hubiese tratado, Francisco López cumplió sus deseos. Al mismo tiempo.
Le ofrecieron un puesto de gerente en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Relacionarse con los proveedores, tener personal a su cargo, tomar decisiones importantes cada día. Tiene un sueldo muy superior y un sólo día libre a la semana. Con el móvil encendido por si surgiera algo.
Está contento. Ahora usa su cerebro y tiene oportunida de conocer a gente muy influyente.
Debería estar contento.
Ha conocido a Elena. Elena sin H, lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo.
Sin ser bella, Elena es la más hermosa de las mujeres. Inteligente, divertida, sensual hasta más allá de cualquier límite. Y quiere a Paco.
Enamorarse es increíble. Le da sentido a todo. Él se siente más vivo porque la ama a ella. Piensa en ella todo el día. Tanto, que a veces se equivoca con algún pedido. Tiene tantas ganas de verla, que en verdad le importa poco lo de conocer a gente importante. Un día entero a su lado vale más que todo el dinero del mundo.
PAco ya no se siente solo. Paco tiene el trabajo que quiere ¿por qué la angustia se está comiendo el corazón de Paco?
No es que antes tuviera una mala vida. Antes lo que estaba era cansado. Muy cansado de ese trabajo fácil, mecánico, aburrido. Era vendedor en una tienda pequeñita. Se llevaba genial con los clientes, casi todos fijos. No le pagaban mal y le quedaba mucho tiempo libre.
Pero él quería más, sabía que éra capaz de estar en un lugar donde su cerebro no fuera un trapo más colgado de una percha.
Su vida personal tampoco era para tirar cohetes. Salía de vez en cuando por ahí, se tomaba un trago y miraba a la gente. Escogía. No le resultaba nada difícil ligarse a alguna para pasar la noche, pero nunca encontraba a aquella que volara. Se sentía sólo.
Ahora todo es diferente. Como si de frotar una lámpara mágica se hubiese tratado, Francisco López cumplió sus deseos. Al mismo tiempo.
Le ofrecieron un puesto de gerente en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Relacionarse con los proveedores, tener personal a su cargo, tomar decisiones importantes cada día. Tiene un sueldo muy superior y un sólo día libre a la semana. Con el móvil encendido por si surgiera algo.
Está contento. Ahora usa su cerebro y tiene oportunida de conocer a gente muy influyente.
Debería estar contento.
Ha conocido a Elena. Elena sin H, lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo.
Sin ser bella, Elena es la más hermosa de las mujeres. Inteligente, divertida, sensual hasta más allá de cualquier límite. Y quiere a Paco.
Enamorarse es increíble. Le da sentido a todo. Él se siente más vivo porque la ama a ella. Piensa en ella todo el día. Tanto, que a veces se equivoca con algún pedido. Tiene tantas ganas de verla, que en verdad le importa poco lo de conocer a gente importante. Un día entero a su lado vale más que todo el dinero del mundo.
PAco ya no se siente solo. Paco tiene el trabajo que quiere ¿por qué la angustia se está comiendo el corazón de Paco?
lunes 5 de febrero de 2007
La gota
Con demasiada fuerza para ser tan sólo una gota de agua salada, la lágrima pugnaba por salir a través de mi ojo derecho. Párpados, pestañas y globo ocular, con iris y retina incluidas, no habrían sido capaces de detenerla de no ser por una vulgar pero decidida sorbida de mocos que la nariz no tardó en ceder como única salvación.
Caminando desde el metro, el edificio del “Juzgado de Familia” fue apareciendo hasta convertirse en un ser autónomo que saltaba de frente, con su puerta bien abierta, para burlarse en la cara de todo aquel ingenuo que alguna vez creyó en aquello de “hasta que la muerte nos separe”. Ni siquiera una ingenua especial, sino una más del montón. Eso soy. Ni la estrategia del merengue ochentoso a todo volumen por los audífonos me evitó el escalofrío del fracaso, la lágrima que se esfuerza. La lágrima no salió, pero tampoco se dio por vencida.
Entró impetuosa al cuerpo, esta vez con sed de venganza porque no había podido liberarse. Los abogados disfrazados de búhos con sus togas negras corrían de un lado a otro, y sus clientes, perdidos y asombrados, a un paso de distancia. Mientras miraba distraída los laberintos de oficinas donde, como en una coreografía, irían entrando todos; el nudo en la garganta aprovechó para tomar protagonismo. Era como un llanto hacia dentro. Mi propio búho me habló y entonces un pertinente carraspeo me devolvió a la concentración. Caminar, hacer mi parte del baile. Salir. Cuanto antes.
Verificada la corrección de los datos en un sonriente carnet de identidad, se abrieron las puertas de una sala. Todo madera. Búhos de mayor categoría. Un banquillo, yo en el centro, acusada. La lágrima, luchando por su libre albedrío, se coló en el estómago. Dolor. “¿Ratifica usted…..?” “mjmm”, no me dejaba hablar la lágrima convertida en dolor de estómago. “¿Es eso un sí?” respiración profunda, otra vez la nariz en mi rescate y salió un patético pero al menos audible “sí”.
Todo listo. Sólo una hoja de papel al frente para ser firmada. Bolígrafo en mano, la lágrima se me mete por el brazo derecho, siento el cosquilleo. Va despacio, como saboreando su plato dulce, de el hombro al codo, del codo a la muñeca, de la muñeca a la mano. Los búhos miran impacientes. La siento llegando a mis dedos. Pongo la mano sobre la hoja, y firmo al mismo tiempo que siento una pequeña explosión en el pecho. La lágrima ha salido, mi dedo se ha manchado un poco con la tinta. Me lo meto a la boca para limpiarlo, siento el sabor de la tinta. Es sólo una gota, y es salada.
Caminando desde el metro, el edificio del “Juzgado de Familia” fue apareciendo hasta convertirse en un ser autónomo que saltaba de frente, con su puerta bien abierta, para burlarse en la cara de todo aquel ingenuo que alguna vez creyó en aquello de “hasta que la muerte nos separe”. Ni siquiera una ingenua especial, sino una más del montón. Eso soy. Ni la estrategia del merengue ochentoso a todo volumen por los audífonos me evitó el escalofrío del fracaso, la lágrima que se esfuerza. La lágrima no salió, pero tampoco se dio por vencida.
Entró impetuosa al cuerpo, esta vez con sed de venganza porque no había podido liberarse. Los abogados disfrazados de búhos con sus togas negras corrían de un lado a otro, y sus clientes, perdidos y asombrados, a un paso de distancia. Mientras miraba distraída los laberintos de oficinas donde, como en una coreografía, irían entrando todos; el nudo en la garganta aprovechó para tomar protagonismo. Era como un llanto hacia dentro. Mi propio búho me habló y entonces un pertinente carraspeo me devolvió a la concentración. Caminar, hacer mi parte del baile. Salir. Cuanto antes.
Verificada la corrección de los datos en un sonriente carnet de identidad, se abrieron las puertas de una sala. Todo madera. Búhos de mayor categoría. Un banquillo, yo en el centro, acusada. La lágrima, luchando por su libre albedrío, se coló en el estómago. Dolor. “¿Ratifica usted…..?” “mjmm”, no me dejaba hablar la lágrima convertida en dolor de estómago. “¿Es eso un sí?” respiración profunda, otra vez la nariz en mi rescate y salió un patético pero al menos audible “sí”.
Todo listo. Sólo una hoja de papel al frente para ser firmada. Bolígrafo en mano, la lágrima se me mete por el brazo derecho, siento el cosquilleo. Va despacio, como saboreando su plato dulce, de el hombro al codo, del codo a la muñeca, de la muñeca a la mano. Los búhos miran impacientes. La siento llegando a mis dedos. Pongo la mano sobre la hoja, y firmo al mismo tiempo que siento una pequeña explosión en el pecho. La lágrima ha salido, mi dedo se ha manchado un poco con la tinta. Me lo meto a la boca para limpiarlo, siento el sabor de la tinta. Es sólo una gota, y es salada.
domingo 21 de enero de 2007
As long as it lasts
Mi intención de contenerme fue inútil. Desobedientes, los dedos de mi mano derecha se hundieron en tu pelo, mientras el señor que toca el tambor en mi pecho* aceleraba el ritmo hasta niveles casi mortales.
La suavidad de tu alma comenzó a derramarse hacia fuera, hacia tu piel. El cielo quiso formar parte y las estrellas miraron hacia abajo. Una de ellas, junto a la luna, se estampó en mi ombligo. Tú tocaste a los astros y decidiste quedarte, magnetizado.
Mientras, los constantes azotes de ese mar llamado miedo intentaban hacerme retomar la tristeza del control, la muerte de la vida sin vida.
Aguanto. Aún con el riesgo de un enésimo naufragio. Mis dedos vuelven a hundirse, y deciden quedarse.
*Orig. de la hirma
La suavidad de tu alma comenzó a derramarse hacia fuera, hacia tu piel. El cielo quiso formar parte y las estrellas miraron hacia abajo. Una de ellas, junto a la luna, se estampó en mi ombligo. Tú tocaste a los astros y decidiste quedarte, magnetizado.
Mientras, los constantes azotes de ese mar llamado miedo intentaban hacerme retomar la tristeza del control, la muerte de la vida sin vida.
Aguanto. Aún con el riesgo de un enésimo naufragio. Mis dedos vuelven a hundirse, y deciden quedarse.
*Orig. de la hirma
miércoles 10 de enero de 2007
Nostalgia
Un rayito de sol se cuela por la persiana. Es intenso. Me despierta. Me pregunto qué hora es, dónde estoy. Veo las fotos de la habitación y se cuela una sonrisa en mi cara. Estoy en casa.
Es triste y feliz a la vez. Es volver y preguntarme dónde he estado todo este tiempo. Las cosas están iguales. Un poco gastadas, porque aquí el sol implacable lo desgasta todo.
No sé si ya los paisajes no son los mismos. O yo no soy la misma. Intento sonreír. Respiro la brisa de la playa y me lleno los pulmones. Vuelve a colarse una sonrisa. También un dolor en la boca del estómago.
Me baño con perolito porque no hay agua. El café ya está listo a esta hora, como todos los días, con sabor a canela. El lago brilla por todas las ventanas, así, tan divo como siempre, tan rey de todo. Bajo a la calle y comienzan a sentirse los olores del almuerzo, los aromas deliciosos de las escaleras de mi infancia. Se oyen los gritos altaneros vendiendo cualquier cosa, anunciando lo cierto y lo falso. Se ve la vida, una vida que se me antoja cansada, contra corriente.
Si, todo está más viejo. La gente y las cosas. La piscina no tiene agua. La playa está sola, le han dado la espalda. El árbol donde tenía mi casita está en el suelo. El banco donde me dieron un primer beso lleno de brisa, está roto. Sienten desprecio por lo viejo. Todos quieren objetos nuevos. Una nueva ciudad. Y yo añoro la vieja. Las casas de antes, las que eran de aquí. Esas casas que no envidiaban el “estilo americano”, ni italiano, ni francés.
Hoy me alegro de mi nostalgia, la que nos recuerda que hemos vivido momentos felices. La que deja en mi mente fotografías imborrables, colores vivos del Caribe, calor sin aire acondicionado.
Siento que, dentro de pocos días, dejaré los últimos vestigios de algo que me perteneció y a lo que pertenecí. Algo que arranqué o me fue arrancado como una cinta pegante sobre la piel, duele y deja rojeces. Dejo mi casa sin saber si la encontraré en pie nuevamente. Le pido a mi memoria que luche contra tanto borrador, que me deje al menos los paisajes, las sonrisas de la niñez, los olores y esa sensación de brisa de lago, pegajosa e intensa.
Es triste y feliz a la vez. Es volver y preguntarme dónde he estado todo este tiempo. Las cosas están iguales. Un poco gastadas, porque aquí el sol implacable lo desgasta todo.
No sé si ya los paisajes no son los mismos. O yo no soy la misma. Intento sonreír. Respiro la brisa de la playa y me lleno los pulmones. Vuelve a colarse una sonrisa. También un dolor en la boca del estómago.
Me baño con perolito porque no hay agua. El café ya está listo a esta hora, como todos los días, con sabor a canela. El lago brilla por todas las ventanas, así, tan divo como siempre, tan rey de todo. Bajo a la calle y comienzan a sentirse los olores del almuerzo, los aromas deliciosos de las escaleras de mi infancia. Se oyen los gritos altaneros vendiendo cualquier cosa, anunciando lo cierto y lo falso. Se ve la vida, una vida que se me antoja cansada, contra corriente.
Si, todo está más viejo. La gente y las cosas. La piscina no tiene agua. La playa está sola, le han dado la espalda. El árbol donde tenía mi casita está en el suelo. El banco donde me dieron un primer beso lleno de brisa, está roto. Sienten desprecio por lo viejo. Todos quieren objetos nuevos. Una nueva ciudad. Y yo añoro la vieja. Las casas de antes, las que eran de aquí. Esas casas que no envidiaban el “estilo americano”, ni italiano, ni francés.
Hoy me alegro de mi nostalgia, la que nos recuerda que hemos vivido momentos felices. La que deja en mi mente fotografías imborrables, colores vivos del Caribe, calor sin aire acondicionado.
Siento que, dentro de pocos días, dejaré los últimos vestigios de algo que me perteneció y a lo que pertenecí. Algo que arranqué o me fue arrancado como una cinta pegante sobre la piel, duele y deja rojeces. Dejo mi casa sin saber si la encontraré en pie nuevamente. Le pido a mi memoria que luche contra tanto borrador, que me deje al menos los paisajes, las sonrisas de la niñez, los olores y esa sensación de brisa de lago, pegajosa e intensa.
miércoles 27 de septiembre de 2006
Adiós
Perdona si hoy no te pregunto cómo estás. No es que no me importe, es que hoy tengo el alma un tanto anestesiada. ¿Cómo te lo explico? no ha sido un buen día, chico.
Mi corazón sigue latiendo. Y eso que se ha mojado, secado, ha sido arrugado, planchado y vuelto a arrugar. Se le ha derramado café encima, tiene huequitos de cigarrillo. Se ha roto en varias partes y lo he pegado con pega loca. Se ha rasgado y yo lo he remendado con hilo y aguja. A veces le he puesto parches de colores. Se ha caído al suelo, por eso está un poco magullado, con raspones y algunas cicatrices. Le faltan trocitos aquí y allá. Algunos los han robado, otros los he regalado con gusto. Otros se quedaron pegados a una poesía o a una imagen por la calle. Algunas partes se han hundido quién sabe porqué. Otras se han abultado.
Tiene la belleza de todo aquello que ha visto pasar la vida por arriba, por abajo, por delante, por detrás, por dentro y por fuera. Es aún inocente porque le falta mucho por ver, oir, tocar, oler y sentir.
Pero hoy ¿cómo te explico de nuevo? está ahí, callado, sin ganas. Este adiós de todos los adioses lo ha dejado un poco sin identidad. Y yo no sé si sigue dentro o si se ha ido con él para siempre.
¿Podrás disculparme?
Mi corazón sigue latiendo. Y eso que se ha mojado, secado, ha sido arrugado, planchado y vuelto a arrugar. Se le ha derramado café encima, tiene huequitos de cigarrillo. Se ha roto en varias partes y lo he pegado con pega loca. Se ha rasgado y yo lo he remendado con hilo y aguja. A veces le he puesto parches de colores. Se ha caído al suelo, por eso está un poco magullado, con raspones y algunas cicatrices. Le faltan trocitos aquí y allá. Algunos los han robado, otros los he regalado con gusto. Otros se quedaron pegados a una poesía o a una imagen por la calle. Algunas partes se han hundido quién sabe porqué. Otras se han abultado.
Tiene la belleza de todo aquello que ha visto pasar la vida por arriba, por abajo, por delante, por detrás, por dentro y por fuera. Es aún inocente porque le falta mucho por ver, oir, tocar, oler y sentir.
Pero hoy ¿cómo te explico de nuevo? está ahí, callado, sin ganas. Este adiós de todos los adioses lo ha dejado un poco sin identidad. Y yo no sé si sigue dentro o si se ha ido con él para siempre.
¿Podrás disculparme?
sábado 9 de septiembre de 2006
Victoreto

“Tu hijo va a ser el orgullo de la familia. Él y su guitarra van a recorrer el mundo”. Eso le dijo una bruja a mí mamá hace un montón de años. Ella veía el futuro de la gente a través de la cédula. La ponía detrás de una lupa de esas de hacer limpieza de cutis y soltaba su perorata de augurios, buenos y malos.
Recuerdo que cuando tú eras un peloncito de pocos meses y yo tenía tres años (juro que lo recuerdo) iba por ahí diciéndoles a todos mis amiguitos que tú eras el bebé más bello del mundo. Y lo eras.
Después pasaste a ser ese personaje molesto a más no poder que se llama hermano menor, pero qué remedio, ahí estabas. Fiebrúo, totalmente fiebrúo. Primero, los muñequitos de la Guerra de las galaxias, después los de he-man (hasta que te robaron una bolsa llena por dejarlos en la escalera del edificio), luego los peces (tuviste dos peceras), mas tarde el heavy metal (grrrrrrr) y finalmente, definitivamente y afortunadamente, la guitarra.

También te dio por jugar fútbol, béisbol, hacer karate, atletismo, tocar melódica, redoblante, trompeta y cantar en un coro. Y luego, por estudiar periodismo, habrase visto.
Una vez me diste un golpe. Yo, que me aprovechaba de ser mayor, te perseguí por toda la casa y me vengué con unos cuantos. Sabías que no podías volver a pegarme, pero te daba rabia, así que te quejabas de que sólo me habías dado uno. “A palabras eléctricas, oídos desenchufados” te decía yo. “Mis palabras no son eléctricas” gritabas tú. El punto final, triste para ti, fue cuando mi papá llegó y te dijo que a las mujeres no se las tocaba ni con el pétalo de una rosa.
También otro día, disfrazándome de alguna cosa, te manché una de tus franelas OP, tesoros preciados. Aún hoy me lo recuerdas. Así como la vez que se disparó la alarma de la camioneta y yo me puse a llorar del susto, como una tonta.
Siento que crecí escuchando tus melodías. Tus errores al estudiar con la guitarra, que para mí fueron un privilegio. Una banda sonora para mi vida.
Luego te fuiste y fue duro, muy duro. Pero el viento soplaba a tu favor. Y hoy lo sigue haciendo. Me alegro de haber compartido la cara de satisfacción con la malta del camino, de todos los juegos y las risas y de que mis manos se parezcan tanto a las tuyas, aunque sean incapaces de crear tanta maravilla.
Me disculpo por tu OP, mis golpes y no estar cerca durante tantos años. Pero no olvido que fui tu primera fotógrafa y me siento terriblemente orgullosa de que la bruja vaya teniendo razón. Sigues siendo el principal en mi banda sonora. Te quiero.
jueves 31 de agosto de 2006
Sofía
El padre Jacobo dice que no, pero yo estoy seguro de que he estado en más bodas que él. Dice que ese es su trabajo, que es cura y por eso me gana. Cosa que no es cierta, yo también trabajo en bodas, y no sólo en las católicas. He cantado en matrimonios evangélicos, protestantes, mormones, judíos y últimamente me estoy llenando con los gays.
La gente dice que tengo buena voz, y es verdad. Aún así, más que por la voz, los anfitriones me contratan porque tengo chispa. Si, chispa. Siempre se me ocurre algo qué decir en el momento preciso y todos se ríen. Además, aguanto muy bien a la gente que le entra la vena artística después de tomarse dos cervezas. Yo toco la guitarra y ellos se desgañitan, ahí aprovecho para pensar en mis cosas y me pongo la máscara de la sonrisa.
A Sofía la conocí en una de esas bodas. Como siempre, los amigos de unos amigos habían decidido ser originales y casarse en la playa. Ella con flores en la cabeza, él con camisa blanca de algodón. Querían que les cantara unas baladas durante la ceremonia y que luego entretuviera a sus amigos con un poco de trova cubana. Más de lo mismo y con la misma condición de siempre: ya no canto “Yolanda”, se agotó.
Mis ojos oyeron, ese día. Las perfectas líneas de sus caderas bajo ese vestido rojo chillón, hacía un sonido imposible de ignorar. La tensión de sus piernas sobre los altísimos tacones (a pesar de estar en la playa) prometía volverme loco. El movimiento rítmico de sus brazos al andar era un baile glorioso.
Sus ojos. Sus ojos sonreían, buscaban, miraban. Y yo, al encontrarlos, me quedé mudo. Respiré profundo y conté mentalmente hasta donde pude, de forma incoherente, repitiendo números, perdiendo la cuenta. Respiré otra vez profundo para poder hacer mi trabajo. Volví a mirar a la profundidad perdida de sus ojos, y canté. Esta vez como un ángel, canté sólo para ella.
Mis pensamientos se quedaron suspendidos como en una cuerda de tender la ropa, al viento. Mientras la gente se reía, comía, bebía y bailaba con la orquesta, yo la miraba e intentaba disimular. Su marido estaba con ella.
Al final de la noche, sólo quedaba un grupo. Todos alcoholizados, por supuesto. Era el momento de Silvio Rodríguez, de Pablo Milanés, de Aute, de Cortez. Nos sentamos todos en la arena. La luna estaba llena y era la única luz a esas horas. Algunos seguían bebiendo, otros fumaban porros. Una pareja, que se conoció en la boda, no paraba de besarse. Sofía, a mi lado, esperaba el primer acorde mirando las estrellas y hacía breves comentarios con ese acento andaluz que se metía en el fondo de mi estómago.
Comencé a cantar “El breve espacio en que no estás” y todos callaron. Veían cómo mis dedos tocaban la guitarra. Pero la luz de la luna se dio cuenta, y arrojó la sombra de mis dedos sobre su rostro para que pudiera acariciarlo… la prefiero compartida antes que vaciar mi vida, no es perfecta, más se acerca a lo que yo…simplemente soñé.
* Dedicado a José Luis
La gente dice que tengo buena voz, y es verdad. Aún así, más que por la voz, los anfitriones me contratan porque tengo chispa. Si, chispa. Siempre se me ocurre algo qué decir en el momento preciso y todos se ríen. Además, aguanto muy bien a la gente que le entra la vena artística después de tomarse dos cervezas. Yo toco la guitarra y ellos se desgañitan, ahí aprovecho para pensar en mis cosas y me pongo la máscara de la sonrisa.
A Sofía la conocí en una de esas bodas. Como siempre, los amigos de unos amigos habían decidido ser originales y casarse en la playa. Ella con flores en la cabeza, él con camisa blanca de algodón. Querían que les cantara unas baladas durante la ceremonia y que luego entretuviera a sus amigos con un poco de trova cubana. Más de lo mismo y con la misma condición de siempre: ya no canto “Yolanda”, se agotó.
Mis ojos oyeron, ese día. Las perfectas líneas de sus caderas bajo ese vestido rojo chillón, hacía un sonido imposible de ignorar. La tensión de sus piernas sobre los altísimos tacones (a pesar de estar en la playa) prometía volverme loco. El movimiento rítmico de sus brazos al andar era un baile glorioso.
Sus ojos. Sus ojos sonreían, buscaban, miraban. Y yo, al encontrarlos, me quedé mudo. Respiré profundo y conté mentalmente hasta donde pude, de forma incoherente, repitiendo números, perdiendo la cuenta. Respiré otra vez profundo para poder hacer mi trabajo. Volví a mirar a la profundidad perdida de sus ojos, y canté. Esta vez como un ángel, canté sólo para ella.
Mis pensamientos se quedaron suspendidos como en una cuerda de tender la ropa, al viento. Mientras la gente se reía, comía, bebía y bailaba con la orquesta, yo la miraba e intentaba disimular. Su marido estaba con ella.
Al final de la noche, sólo quedaba un grupo. Todos alcoholizados, por supuesto. Era el momento de Silvio Rodríguez, de Pablo Milanés, de Aute, de Cortez. Nos sentamos todos en la arena. La luna estaba llena y era la única luz a esas horas. Algunos seguían bebiendo, otros fumaban porros. Una pareja, que se conoció en la boda, no paraba de besarse. Sofía, a mi lado, esperaba el primer acorde mirando las estrellas y hacía breves comentarios con ese acento andaluz que se metía en el fondo de mi estómago.
Comencé a cantar “El breve espacio en que no estás” y todos callaron. Veían cómo mis dedos tocaban la guitarra. Pero la luz de la luna se dio cuenta, y arrojó la sombra de mis dedos sobre su rostro para que pudiera acariciarlo… la prefiero compartida antes que vaciar mi vida, no es perfecta, más se acerca a lo que yo…simplemente soñé.
* Dedicado a José Luis
jueves 24 de agosto de 2006
No-aniversario
Te amo es la introducción.
Esa frase la inventé yo, la sentí yo. Esa y tantas otras y el "todavía" de Benedetti, y la colección interminable de cursilerías que aún hoy no me dan vergüenza.
Tu sonrisa la dibujé con mi dedo, como Horacio la de la Maga en el capítulo 7. Tus canciones sin sentido siguen en un cajón transparente, que está siempre por donde tengo que pasar.
No lo sabes pero estás. Porque "siempre es corto".
A pesar de tus no-tequiero, feliz no-aniversario.
Esa frase la inventé yo, la sentí yo. Esa y tantas otras y el "todavía" de Benedetti, y la colección interminable de cursilerías que aún hoy no me dan vergüenza.
Tu sonrisa la dibujé con mi dedo, como Horacio la de la Maga en el capítulo 7. Tus canciones sin sentido siguen en un cajón transparente, que está siempre por donde tengo que pasar.
No lo sabes pero estás. Porque "siempre es corto".
A pesar de tus no-tequiero, feliz no-aniversario.
lunes 31 de julio de 2006
Por un pelín
La pestaña tenía razón.
Juan me advirtió que la tenía pegada en mi mejilla izquierda. Inmersa en mi agobio por el calor y el tráfico de Madrid, yo me pasé la mano con la idea de deshacerme de ella. Pero quizás por la naturaleza pegajosa de todo en estas fechas, no se cayó, se quedó en uno de mis dedos. Entonces Juan y yo hicimos (sin siquiera decirlo) eso que estúpidamente habíamos hecho toda la vida, cada vez que una pestaña se queda vagando en el rostro de alguien.
Juntamos los pulgares, aplastando la pestaña, y cada uno pidió un deseo a Dios, al destino o a las hadas, sabiendo que todo eso es mentira y que el deseo nunca se cumple, y si se cumple es purita casualidad.
Le tocó a él.
Juan - le dije-mi deseo era de amor ¿esto significa que no va a cumplirse?
No - me dijo - se va a cumplir, pero no ahora. Tendrás que esperar.
Yo creía que esperaría unos días, porque eso me había dicho él. Estaba contenta, con una contentura que ya creía extinta.
Ahora veo, con la cara llena de lágrimas (que también creía extintas) que la suerte no me ha elegido. El deseo no se cumplió. Se le cumplió a Juan y quizás a alguien que, en otro lugar lejos de aquí, sí se quedó con la pestañita.
Juan me advirtió que la tenía pegada en mi mejilla izquierda. Inmersa en mi agobio por el calor y el tráfico de Madrid, yo me pasé la mano con la idea de deshacerme de ella. Pero quizás por la naturaleza pegajosa de todo en estas fechas, no se cayó, se quedó en uno de mis dedos. Entonces Juan y yo hicimos (sin siquiera decirlo) eso que estúpidamente habíamos hecho toda la vida, cada vez que una pestaña se queda vagando en el rostro de alguien.
Juntamos los pulgares, aplastando la pestaña, y cada uno pidió un deseo a Dios, al destino o a las hadas, sabiendo que todo eso es mentira y que el deseo nunca se cumple, y si se cumple es purita casualidad.
Le tocó a él.
Juan - le dije-mi deseo era de amor ¿esto significa que no va a cumplirse?
No - me dijo - se va a cumplir, pero no ahora. Tendrás que esperar.
Yo creía que esperaría unos días, porque eso me había dicho él. Estaba contenta, con una contentura que ya creía extinta.
Ahora veo, con la cara llena de lágrimas (que también creía extintas) que la suerte no me ha elegido. El deseo no se cumplió. Se le cumplió a Juan y quizás a alguien que, en otro lugar lejos de aquí, sí se quedó con la pestañita.
miércoles 26 de julio de 2006
Ángel de la Guarda*
Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche, ni de día, no me dejes sola, que me perdería.
Llévame al 6-B y a la sopa negra, al viento inagotable y las palmeras endebles, a la hamaca en mi cuarto desordenado.
Muéstrame un anaranjado de atardecer a las seis, un sol hundiéndose en el lago brillante. Un nacimiento de estrellas y caminos de luna reflejada en el agua. Un relámpago insistente, de nombre Catatumbo.
Ayúdame a volver al parque de atracciones que era la litera de madera y a huirle a la correa poco cumplidora.
Haz que la brisa de la tarde me traiga desde abajo ese silbido que anuncia la llegada del cariño, el pan dulce, el queso de bolita, los cambures manzanos y la música del cuatro.
Despiértame temprano para ir al colegio con peinados de reina hechos por las manos del amor, saltando los peldaños de dos en dos para que no me deje el transporte.
Salúdame a las amigas y diles que pronto jugaremos a la liga, al quemao, a los yaquis, al sesesé e intercambiaremos barajitas, tan pronto como suene el timbre. Después ensayaremos la poesía para el acto. Y mentiremos para bajar a tomar agua.
Dile a mi madre que quiero cenar panquecas del tamaño del plato, con mantequilla y queso. Y guarapo de limón con panela.
Rezo un padrenuestro, un avemaría y un ángel de la guarda, dulce compañía…
Que no me desamparas ni de noche ni de día
Gracias por la dorada isla
Gracias por las perlitas de hielo
*2000
Llévame al 6-B y a la sopa negra, al viento inagotable y las palmeras endebles, a la hamaca en mi cuarto desordenado.
Muéstrame un anaranjado de atardecer a las seis, un sol hundiéndose en el lago brillante. Un nacimiento de estrellas y caminos de luna reflejada en el agua. Un relámpago insistente, de nombre Catatumbo.
Ayúdame a volver al parque de atracciones que era la litera de madera y a huirle a la correa poco cumplidora.
Haz que la brisa de la tarde me traiga desde abajo ese silbido que anuncia la llegada del cariño, el pan dulce, el queso de bolita, los cambures manzanos y la música del cuatro.
Despiértame temprano para ir al colegio con peinados de reina hechos por las manos del amor, saltando los peldaños de dos en dos para que no me deje el transporte.
Salúdame a las amigas y diles que pronto jugaremos a la liga, al quemao, a los yaquis, al sesesé e intercambiaremos barajitas, tan pronto como suene el timbre. Después ensayaremos la poesía para el acto. Y mentiremos para bajar a tomar agua.
Dile a mi madre que quiero cenar panquecas del tamaño del plato, con mantequilla y queso. Y guarapo de limón con panela.
Rezo un padrenuestro, un avemaría y un ángel de la guarda, dulce compañía…
Que no me desamparas ni de noche ni de día
Gracias por la dorada isla
Gracias por las perlitas de hielo
*2000
lunes 3 de julio de 2006
Preparados
“El amor es que te busquen a la salida, lo demás son tonterías”. Ya conocías la respuesta cuando te pregunté si sabías lo que era el amor. La conocías de esa época en la que habrías hecho cualquier cosa por recuperarla. Viste la película* y fue como una cachetada. De golpe lo entendiste todo.
Fuiste a esperarla en la puerta del trabajo. Le dejaste una nota en el parabrisas. Esperaste. Una, dos, tres horas. Llovió y el agua lentamente desvaneció la tinta. Así como se desvaneció tu alma (no tan lentamente) cuando la viste salir con la vista fija en otro que también la esperaba a la salida. Ese que seguramente entendió a tiempo lo que era el amor.
No te preocupes. Yo también lo supe tarde. Siempre se sabe tarde. A veces hay remedio. Muchas otras no, y aquí estamos. Bailamos, bebemos una copa tras otra y decimos tonterías. Nos miramos y sabemos que detrás de los ojos hay historias, pero no queremos hablar de eso.
Son historias de duelos, de papeles borrados, de portazos y de ausencias presentes. Pero nosotros nos hacemos los fuertes. No, no nos hacemos, lo somos. Queremos sonreír y dejar que el tiempo se lleve nuestra tristeza profunda, esa tristeza tranquila que ya se cansó de montar numeritos y escupir lágrimas. Que se la lleve el tiempo así como la lluvia se llevó tu última esperanza de color azul tinta.
Mientras tanto, tú y yo bailamos y miramos otras historias en el cine.
Finalmente hablamos de amor, a las ocho de la mañana, después de la fiesta. Hablamos borrachos mientras tú me llevas a casa.
Hablamos durante 1843 metros, mientras tú me llevas. Empujas un carrito de supermercado conmigo dentro. Y, como todo un caballero, me dejas en la puerta de mi casa. Porque aún confiamos en que sabremos esperar a la salida. Estaremos preparados.
* Princesas. Fernando León de Aranoa
Fuiste a esperarla en la puerta del trabajo. Le dejaste una nota en el parabrisas. Esperaste. Una, dos, tres horas. Llovió y el agua lentamente desvaneció la tinta. Así como se desvaneció tu alma (no tan lentamente) cuando la viste salir con la vista fija en otro que también la esperaba a la salida. Ese que seguramente entendió a tiempo lo que era el amor.
No te preocupes. Yo también lo supe tarde. Siempre se sabe tarde. A veces hay remedio. Muchas otras no, y aquí estamos. Bailamos, bebemos una copa tras otra y decimos tonterías. Nos miramos y sabemos que detrás de los ojos hay historias, pero no queremos hablar de eso.
Son historias de duelos, de papeles borrados, de portazos y de ausencias presentes. Pero nosotros nos hacemos los fuertes. No, no nos hacemos, lo somos. Queremos sonreír y dejar que el tiempo se lleve nuestra tristeza profunda, esa tristeza tranquila que ya se cansó de montar numeritos y escupir lágrimas. Que se la lleve el tiempo así como la lluvia se llevó tu última esperanza de color azul tinta.
Mientras tanto, tú y yo bailamos y miramos otras historias en el cine.
Finalmente hablamos de amor, a las ocho de la mañana, después de la fiesta. Hablamos borrachos mientras tú me llevas a casa.
Hablamos durante 1843 metros, mientras tú me llevas. Empujas un carrito de supermercado conmigo dentro. Y, como todo un caballero, me dejas en la puerta de mi casa. Porque aún confiamos en que sabremos esperar a la salida. Estaremos preparados.
* Princesas. Fernando León de Aranoa
viernes 16 de junio de 2006
MADNESS
Después de ese almuerzo rápido, especialidad de tu recién estrenada soltería, y del café imprescindible para borrar los pensamientos que te impiden dormir antes de las dos de la mañana, saliste a trabajar.
Como cada día y cada tarde, recorriste Conde Duque por el lado donde pega el sol en invierno. Una vez más, atravesaste la calle por donde no hay paso de cebra y te metiste en Santa Cruz de Marcenado, para cortar camino. Luego por la izquierda, en Acuerdo, llegaste a Alberto Aguilera.
Llevabas prisa, como siempre. Pensabas en la manía de los españoles de parar el mundo entre dos y cinco de la tarde. Pensabas en lo caras que te habían costado las mandarinas, la próxima vez las comprarías en el otro puesto. . También pensabas en él, aunque no quieras reconocerlo… mientras mirabas al frente, por si pasaba el 21 y tenías que salir corriendo.
Un chico te preguntó cómo llegar a la Plaza Colón. Te encanta guiar a la gente. Te encanta demostrarte que conoces la ciudad. “Sigue recto, todo el tiempo. Primero vas a encontrar la Glorieta de San Bernardo (sabías que se llamaba Ruiz Jiménez, pero la gente le dice San Bernardo), luego la de Bilbao, la de Alonso Martínez y la Plaza Colón. Y si te cansas, puedes coger el 21, que hace el mismo recorrido. Yo voy a tomar ese autobús, si quieres vamos”.
No, gracias. Él prefería irse andando.
Y no me extraña. Hablas demasiado. Maldita manía esa que tienes de vomitar información. A quién le importa todo lo que quieres contar. Siempre que lo haces te acuerdas de esa peli en la que salía una chica hablando sin parar, de sí misma. Igual que tú. Te cayó mal, muy mal. Era una pesada. Por enésima vez decidiste que, de ahora en adelante, estarías calladita. Sabías que no lo cumplirías, pero te quedabas en paz por un instante creyéndote tu falsa y reiterativa auto-promesa.
Es que no hay caso, te gusta hablar y algunas veces no te da tan mal resultado. Como ese día que te llamaron para trabajar en la barra del bar MADNESS. Te hacía mucha gracia el nombre del bar que, aparte de ordinario y desagradable, iba perfectamente acorde con lo que se respiraba en aquel antro.
Entre una caña y otra, apareció una especie de actor de película de Hollywood y se te sentó al frente. Queriendo ser gracioso, dijo alguna de esas tonterías que te dicen frecuentemente los hombres para buscarte conversación. Y tú, por primera vez, no supiste que responder. Sonreíste, mostrando todos los dientes, con tu mejor cara de idiota.
Ese tipo de chicos nunca te había gustado. Demasiado alto, demasiado rubio, demasiado perfecto. Tus amigas bromeaban con eso. Te gustaban raros, feos y, sobre todo, complicados. Así que seguiste cortando pan, sirviendo aceitunas, tirando cañas…y olvidaste su presencia.
Estabas extrañamente callada bebiendo una bien merecida cerveza, cuando irrumpió de nuevo con la pregunta de siempre y de todos ¿de dónde eres? Tú vacilabas entre las múltiples respuestas que solías dar: de por ahí, no es tu problema, del sur, de Canarias, del mundo…pero le dijiste la verdad, quizás porque viste en sus ojos la súplica de un poco de compañía.
Accediste y comenzaste a contarle de todo. Por alguna razón, ya el tipo te caía bien, había caído en tu trampa. O tú en la suya. Dos horas más tarde caminaban hacia la Latina, ibas a un bar en la calle Humilladero, donde tus amigos te esperaban. Él parecía encantado con tu cháchara y tú te dejabas envolver con sus ojos tan abiertos y su sonrisa de niño grande, excitado con su nuevo juguetito.
-------
Una señora te insulta porque subes al autobús antes que ella, que ya llevaba rato en la parada. La miras sin entender y sientes un cosquilleo en los ojos. Parecido al que sentiste cuando él, a la mañana siguiente, se marchó de tu casa sin pedirte si quiera tu número de teléfono.
Por eso no te gustan los guapos, que pueden incluso llegar a hacerte sentir princesa, una princesa de utilería, mientras dura el encanto de aquello que no se necesita, pero uno se encapricha hasta que lo consigue. Y una vez en la mano, no se sabe qué hacer con ese precioso objeto. Uno se aburre.
Los guapos te hacen estar callada.
Como cada día y cada tarde, recorriste Conde Duque por el lado donde pega el sol en invierno. Una vez más, atravesaste la calle por donde no hay paso de cebra y te metiste en Santa Cruz de Marcenado, para cortar camino. Luego por la izquierda, en Acuerdo, llegaste a Alberto Aguilera.
Llevabas prisa, como siempre. Pensabas en la manía de los españoles de parar el mundo entre dos y cinco de la tarde. Pensabas en lo caras que te habían costado las mandarinas, la próxima vez las comprarías en el otro puesto. . También pensabas en él, aunque no quieras reconocerlo… mientras mirabas al frente, por si pasaba el 21 y tenías que salir corriendo.
Un chico te preguntó cómo llegar a la Plaza Colón. Te encanta guiar a la gente. Te encanta demostrarte que conoces la ciudad. “Sigue recto, todo el tiempo. Primero vas a encontrar la Glorieta de San Bernardo (sabías que se llamaba Ruiz Jiménez, pero la gente le dice San Bernardo), luego la de Bilbao, la de Alonso Martínez y la Plaza Colón. Y si te cansas, puedes coger el 21, que hace el mismo recorrido. Yo voy a tomar ese autobús, si quieres vamos”.
No, gracias. Él prefería irse andando.
Y no me extraña. Hablas demasiado. Maldita manía esa que tienes de vomitar información. A quién le importa todo lo que quieres contar. Siempre que lo haces te acuerdas de esa peli en la que salía una chica hablando sin parar, de sí misma. Igual que tú. Te cayó mal, muy mal. Era una pesada. Por enésima vez decidiste que, de ahora en adelante, estarías calladita. Sabías que no lo cumplirías, pero te quedabas en paz por un instante creyéndote tu falsa y reiterativa auto-promesa.
Es que no hay caso, te gusta hablar y algunas veces no te da tan mal resultado. Como ese día que te llamaron para trabajar en la barra del bar MADNESS. Te hacía mucha gracia el nombre del bar que, aparte de ordinario y desagradable, iba perfectamente acorde con lo que se respiraba en aquel antro.
Entre una caña y otra, apareció una especie de actor de película de Hollywood y se te sentó al frente. Queriendo ser gracioso, dijo alguna de esas tonterías que te dicen frecuentemente los hombres para buscarte conversación. Y tú, por primera vez, no supiste que responder. Sonreíste, mostrando todos los dientes, con tu mejor cara de idiota.
Ese tipo de chicos nunca te había gustado. Demasiado alto, demasiado rubio, demasiado perfecto. Tus amigas bromeaban con eso. Te gustaban raros, feos y, sobre todo, complicados. Así que seguiste cortando pan, sirviendo aceitunas, tirando cañas…y olvidaste su presencia.
Estabas extrañamente callada bebiendo una bien merecida cerveza, cuando irrumpió de nuevo con la pregunta de siempre y de todos ¿de dónde eres? Tú vacilabas entre las múltiples respuestas que solías dar: de por ahí, no es tu problema, del sur, de Canarias, del mundo…pero le dijiste la verdad, quizás porque viste en sus ojos la súplica de un poco de compañía.
Accediste y comenzaste a contarle de todo. Por alguna razón, ya el tipo te caía bien, había caído en tu trampa. O tú en la suya. Dos horas más tarde caminaban hacia la Latina, ibas a un bar en la calle Humilladero, donde tus amigos te esperaban. Él parecía encantado con tu cháchara y tú te dejabas envolver con sus ojos tan abiertos y su sonrisa de niño grande, excitado con su nuevo juguetito.
-------
Una señora te insulta porque subes al autobús antes que ella, que ya llevaba rato en la parada. La miras sin entender y sientes un cosquilleo en los ojos. Parecido al que sentiste cuando él, a la mañana siguiente, se marchó de tu casa sin pedirte si quiera tu número de teléfono.
Por eso no te gustan los guapos, que pueden incluso llegar a hacerte sentir princesa, una princesa de utilería, mientras dura el encanto de aquello que no se necesita, pero uno se encapricha hasta que lo consigue. Y una vez en la mano, no se sabe qué hacer con ese precioso objeto. Uno se aburre.
Los guapos te hacen estar callada.
miércoles 7 de junio de 2006
ENTRA
Quédate a vivir en mi cuello, que es olor a café recién colao cuando tú llegas y estación de trenes desierta cuando te vas...
Instálate en mis oídos, que son feria y multitud con tus palabras, y sala de espera de hospital con tu silencio...
Duérmete en mi pecho, que es mar azul y libre cuando reposas, y tierra árida sin tu peso...
Proyéctate en mis ojos, que son lago cristalino cuando los miras, y espejo roto sin tu imagen...
Adhiérete a mis labios, que son suaves e intensos cuando te sienten, y flor marchita si no presienten tu lengua...
Entra por siempre en mi cuerpo, que es hogar, fuego, azul y luna contigo dentro...y un amasijo de piel y huesos cuando no estás...
Instálate en mis oídos, que son feria y multitud con tus palabras, y sala de espera de hospital con tu silencio...
Duérmete en mi pecho, que es mar azul y libre cuando reposas, y tierra árida sin tu peso...
Proyéctate en mis ojos, que son lago cristalino cuando los miras, y espejo roto sin tu imagen...
Adhiérete a mis labios, que son suaves e intensos cuando te sienten, y flor marchita si no presienten tu lengua...
Entra por siempre en mi cuerpo, que es hogar, fuego, azul y luna contigo dentro...y un amasijo de piel y huesos cuando no estás...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
