27 junio 2018

Rupunia

Sobre el techo del Hospital Central de Rupunia había unas máquinas quita nieve. Parece que venían en el paquete cuando, hace 50 años, el edificio fue comprado por piezas a una empresa canadiense. Parece que entonces a nadie se le ocurrió venderlas o tirarlas. De hecho, no hay registro de su presencia hasta hace poco, cuando unos obreros se subieron a revisar el techo para saber el porqué de unas goteras.

La mudanza de Víctor a Rupunia coincidió con el día en que se publicó la noticia sobre el descubrimiento de las máquinas quita nieve en el diario Panorama. La información era asombrosa, teniendo en cuenta que Rupunia es una ciudad que sobrevive a 35 grados de temperatura media todo el año. Esto cautivó a nuestro escritor recién llegado.

Rupunia, aparte del calor, destaca por ser el sitio donde venden los mejores perritos calientes callejeros y porque una llama peruana se pasea engalanada por el centro histórico para que los niños puedan hacerse fotos.

Pero la verdad es que Víctor se fue a vivir allí porque se enamoró de una rupunesa por internet. En las fotos de ella no se la veía sudando, por lo que creyó que lo del calor era un mito, una exageración. Pero apenas bajó del ferry comenzó a sudar como un pollo y descubrió que en Rupunia se suda hasta dentro de la ducha. El sudor se confunde con el agua, dejando el baño lleno de una materia viscosa y blancuzca.

La novia de Víctor no es diferente del resto. Los rupuneses no sudan. Por eso normalmente no se lían con extranjeros. Pero la novia de Víctor era muy moderna y le gustaba probar nuevas experiencias. Quizás al aclimatarse, Víctor dejaría de sudar todo el tiempo.

Que no suden no significa que en Rupunia no sientan el calor. De hecho, la industria del aire acondicionado, los frigoríficos y las fábricas de hielo constituyen la cúpula empresarial de la zona. Son rubros muy innovadores, que financian universidades y centros de investigación. En la Universidad Pontificia de Rupunia se inventó, por ejemplo, la bicicleta con aire acondicionado y en el Centro de Tecnología Municipal de Rupunia se patentó el hielo de varios usos. La energía que utilizan para todas sus necesidades es, como no, el inclemente sol que no se esconde ni cuando llueve. Hasta los teléfonos móviles cuentan con un captador de luz solar, algo mucho más moderno y pequeño que los paneles que pueden verse en el resto del mundo.

A pesar de lo molesto del sudor, Víctor se enganchó a la ciudad de inmediato. La calidez del lugar está presente también en su gente. Se saludan y se despiden con abrazos, lo cual al principio es raro, pero una vez que el extranjero se acostumbra, solo pueden pasar dos cosas: sale espantado de la ciudad o no puede vivir en ningún otro lado donde se den apretones de manos o besos sosos en el aire. En Rupunia se abraza con fuerza, aunque el encuentro sea para una reunión de trabajo.

Esta tarde Víctor y su novia van a patinar sobre hielo, algo que él nunca ha hecho. En el oeste de la ciudad, cerca del enorme lago que la separa del resto del país, hay un centro comercial llamado “Galerías”, aclimatado con aire acondicionado a temperaturas muy bajas. Las tiendas de todo tipo rodean una gran pista de hielo donde la gente aprovecha para lucir ropas de invierno y disfrutar de un rato de patinaje. 

Si todo sale bien, la pareja se casará en breve. Rupunia es una ciudad muy exigente en cuanto a inmigración. No cualquiera puede irse a vivir en ese paraíso. Menos mal que la novia de Víctor es rupunesa pura de tres generaciones y, con esa condición, le es permitido contraer matrimonio con alguien de fuera de la ciudad, si ella lo desea y si se comprueba que el futuro marido es digno de tener la ciudadanía.

Víctor es profesor de escritura, aunque no tiene la especialización necesaria para dar clases en Rupunia. En principio, mientras se prepara, tendrá que conformarse con hacer prácticas en Panorama, el diario más importante de la ciudad, donde podrá aprender un poco el estilo literario depurado de los rupuneses, que seguramente, en breve, podrán poner a funcionar esas máquinas quita nieve en algún nuevo desarrollo impulsado por la industria frigorífica. 

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