22 junio 2011

Hoy no

Si fuera el instante
de montañas rusas,
ires y venires
cargas extremas
sacrificios vagos
trabajos forzados

te convocaría


Si quisiera ver
tus oscuridades
salvarte,
que me salves
meterme de nuevo
en tus descaminos

te escribiría


Si me complaciera
pulsar tus dilemas
sacarte las cuentas
restarme contigo
hundirme en tus dudas
tejer soluciones

te llamaría


Si hoy contemplara
descontar minutos
otorgar segundos
forjar lágrimas
clavarte en mis ojos
herir mi garganta
descoser mi boca

te buscaría


Pero justo ahora
que el cuerpo es más mío,
tallado en caricias
lleno de alegrías
caliente y confiado
si tocas mi puerta

no te la abriría

02 junio 2011

Pinche Pepe

En 1999 sus 26 años de vida llegaron asustados a un salón de clases en un país del primer mundo. Venían llenos de expectativas y de ganas: Europa, la comunicación, la gente de diferentes partes del mundo, más de 600 días por estrenar. Yo, con un año menos, aterrizaba en la misma aula de la Complutense, igual de insegura e ilusionada.

Él era (y sigue siendo) muy tímido, callado, observando con esa mirada sabia que yo aún no logro tener. Yo, hablachenta, escandalosa, sin darme cuenta de nada.

No nos hicimos amigos desde el primer día, teníamos poco en común para ello. Pero a medida que pasaban las jornadas estudiantiles yo fui capaz de ver lo que se ocultaba detrás de esos ojitos semicerrados, curiosos, buscadores, y él logró saltar por encima de mi superficialidad.

Al principio le caí mal “pinche vieja sabionda”, porque critiqué su escrito, que tanto le costó leer en voz alta. Lo que él no entendía era que lo hacía porque me gustaba muchísimo. Hoy ya sabe que es uno de mis escritores favoritos. Exclusivo, además.

No sé en qué punto cambiaron las cosas y empezamos a ser lo que somos ahora. No tiene un nombre, no se llama amistad. Sólo él y yo sabemos lo que es este cuento, uno de los pocos en mi vida que no tienen final. Estoy segura.

Empezó con una locura de fiestas, paseos, novedades, comidas mal cocinadas.

Conocimos infinitos amaneceres en las calles de Madrid. Diferentes personajes que hoy nos hacen disfrutar a carcajadas del pasado. Descubrimos tanto juntos que sabemos intuirnos, al menos él escucha lo que siento sin que yo tenga que hablar. Sabe cuando estoy herida y cuando no me siento nadie. Él me cuida.

Podemos compartirlo todo. Sobre todo la cerveza, el tequila, la tristeza.

Hemos viajado y casi-viajado, viviendo vidas reales y paralelas. Nos hemos visto caer un montón de veces. Y es siempre él quien me anima a dejar de caminar y volver a la carrera, a superar la marca personal. No le importa lo que yo haya hecho, ni lo que haya dejado de hacer. Le importa lo que soy, le gusta lo que soy.

Es mi familia. Tan real que yo lo escogí y él me escogió. Y sus chicas también son mi vida. Son la prueba andante de la belleza y la bondad. Un motivo para intentar ser cada día mejor.

Hoy se va a otra liga porque en esta ya no encuentra lo que busca.

El inmenso dolor de que su cercanía deje de ser física no me aparta de la salida. Sé, y lo sé mejor que él, que marcará un nuevo récord. Confío tanto en él que no le deseo suerte, sino una oportunidad para demostrarse a sí mismo el oro del que está fabricado.

Estoy tan convencida de eso, que me veo dentro de poco en una playa de Manzanillo, con una cerveza en la mano, viéndolo reir hasta que los ojitos desaparezcan, recordando estos últimos doce años, fundidos en un abrazo de esos nuestros, en los que no falta nada.