26 abril 2011

Vagones

Siete de la mañana. Mañana de café, prisas y tren. Tren madrugador, rítmico, serpenteando sobre mis primeras horas. Horas que transcurrirán sobre moquetas y caras serias ¿Serías tan amable de traerme una sonrisa? sonrisa breve, amplia o carcajada sonora de felicidad. Felicidad para envolverme y pensar una vez más en ti, como cada minuto. Minuto corto pero intenso, en el que la mariposa viaja por mi sangre. Sangre que fluye como un viajero por los rieles de mi cuerpo. Cuerpo que quiere seguir en un sueño. Sueño del que me despierto y mis pensamientos se encadenan, de mañana, a las siete.

13 abril 2011

EL QUEMAO (textos de Malupe, 2006)

No me eligieron. Este año, otra vez, mi nombre no está en la lista de la Gala gimnástica. Es normal, cuando hago la vuelta rinquin siempre caigo sentada y el plinto es mi peor enemigo. Eso me pasa por gorda y cuatro ojos. Tengo que quitarme los lentes para saltar, por eso nunca calculo bien.

De todas formas, en la gala no se salta el plinto ni se hace la vuelta rinquin. Las niñas van todas tan bonitas, con sus faldas de colores y la cara pintada. Usan pompones, bastones, aros o pelotas.

Soy muy responsable aunque sea mala en gimnasia. Además, siempre llego temprano. Entro a clases a las ocho, pero estoy ahí antes de las siete porque me vengo con unas que ya están en bachillerato.

Tienen suerte las de bachillerato, sólo tienen que cantar el himno los lunes. En cambio nosotras, las de primaria, tenemos que darle, con ese sueño, al himno nacional, al del Zulia y al de la Virgen del Pilar. Es lo peor. Todas en fila mientras la hermana Claudina habla.

A menos que te elijan para izar la bandera. Eso sí que es chévere. Tienen que ser tres niñas. Sacan la bandera del baúl, con mucho cuidado, la desdoblan poco a poco y la amarran a las cuerdas del asta. Mientras todas cantan, una estira la tela por la parte de arriba, otra la sostiene para que no se arrastre y la tercera la va subiendo. Con ritmo. No puede sobrar himno ni puede sobrar palo. Es bonito ver como se eleva y la brisa mañanera la hace ondear. Ahora ves el sol, ahora no.

Yo tengo una pelota. Es de plástico, blanca, con estrellas de colores. La usamos para jugar al “quemao”, por eso nunca la dejo en mi casa. Como todos los días llego de primera, reviso mi colección de hojas y sobres de dibujos, a ver si hay repetidas, para intercambiar en el recreo. Así doy tiempo a que lleguen las demás.

Jugamos en la cancha de básquet, que ahora es de cemento. Antes era de asfalto y no me cabe una cicatriz más en las rodillas. Para jugar al quemao hay que hacer dos grupos. Yo, por ser la dueña de la pelota, y Nidia o Luisa, que son las mejores jugadoras, hacemos “pare o none” y elegimos una por una a nuestro equipo. Nos ponemos de frente con el balón en el centro. Si se va para tu lado, empiezas tú. Tienes que tirarlo muy fuerte y si le da a alguien, está quemao. Se tiene que poner detrás de tu equipo, prisionero. Gana el que queme primero a los del otro lado. Y si suena el timbre antes de terminar, gana el que tenga más quemaos.

Por eso siempre empezamos el día sudando. A las hermanas no les hace mucha gracia, pero prefieren eso a que nos subamos a las matas a coger mangos verdes para comer con sal y pimienta. O que nos comamos todos los semerucos, porque nos puede dar diarrea.

Me gusta mucho esa hora de la mañana y el recreo, por supuesto, cuando soy una más y jugamos a la liga, la perinola o el sesese. Nos reímos a carcajadas. A veces, sentadas en los túneles del parque, contamos chistes groseros y hablamos de los besos que se dan las hermanas mayores con sus novios. A mí este tema me interesa mucho, porque yo no tengo hermana mayor, pero lo de la lengua me da mucho asco. También silbamos, sólo porque a las hermanas no les gusta, dicen que eso no es de señorita.

Cuando suena el timbre, a las siete y cincuenta, se acaba la diversión. A la fila, a rezar, a cantar y para arriba. Algunas clases no están tan mal, pero siempre me pasan cosas. Como aquellas vez que descubrieron mi índice de palabrotas en el diccionario. Yo tenía apuntadas al final las palabras y su número de página (culo…..22, coño….20, verga….45). O la vez que dije en el examen que los apóstoles eran los encargados de “profanar la palabra del señor” ¿no era lo mismo que propagar?


Pero me gusta leer y me ponen a hacerlo en voz alta. Soy buena estudiante. Tengo que pasar a la pizarra y sentarme delante. Entonces mis amigas me miran raro y me llaman “cerebrito”. Hay una que me dice Aristóteles. Yo no sé ni quién es.



Este año otra vez soy la presentadora del acto. “Con fuerza, recuerda que estarán todos los padres e invitados”. No quiero estar otra vez con el pelo peinado hacia atrás y el uniforme impecable. Quiero una falda amarilla.

Nada. No hay pompones, ni cintas, ni maquillaje. Hoy nadie juega al quemao, se me olvidó traer la pelota.