29 enero 2010

Chau

Es cierto. Estos últimos días lo he ignorado. Sabía que faltaba poco y que este día llegaría, pero hice como si no pasara nada. Cada mañana el café, al trabajo, todo el día ocupada, luego a casa, cena, un rato de tele y a la cama.

Sinceramente, es que ya no me quiero despedir más. Podría hacer recuento de los últimos diez años a través de las despedidas. Familia, amores, amigos… ya está bien ¿no?

Cuando uno vive lejos de sus seres queridos, lo natural es buscarse otros a quiénes querer, que estén un poco más cerca, que compartan la navidad contigo, los cumpleaños, los momentos de crisis, las cervezas, los nacimientos, todo.

Yo he tenido la gran fortuna de haber conseguido a los mejores. Una segunda familia que ha sabido aguantarme, entenderme y quererme tanto que he podido vivir sin la cercanía física de la mía.

Por eso me duele tanto verlos partir. Y aunque ahora tenga familia en otros lugares del mundo, y aunque les deseo todo el éxito y la felicidad posible…ya hoy no puedo evadirme, tengo un hueco enorme en la barriga y litros de lágrimas en la antesala de los ojos.

Martín, Ceci y Joaquín, ya lo saben, no hace falta decirlo…

11 enero 2010

Esta es mi casa

Y así como en mi casa, aquí es bienvenido todo aquel que venga en son de paz y con buenas intenciones. Además, todo el que viene a mi casa, se identifica primero.

Un anónimo se ha dedicado a dejarme comentarios insultantes. Aparte de aburrirse muchísimo, por lo visto no le caigo muy bien. Los he borrado todos del blog y no pienso permitir que siga publicando este tipo de cosas.
Además, quiero que sepa que igualmente están todos guardados y que voy a poner una denuncia.

Si alguien tiene algo que decirme, que me hable cara a cara y que se identifique. Insultar desde el anonimato es de cobardes y de quienes saben que no tienen la verdad de su lado.

Decisiones, cada día...

Si hay algo que se me da mal, eso es definitivamente, tomar decisiones. No sé si es por mi signo, Libra, que tiene ese detallito, o si es porque lo analizo todo y, como todo tiene su lado bueno y su lado malo, me cuesta muchísimo escoger.

Las grandes decisiones de mi vida las he tomado sin pensar mucho, como si me subiera a una montaña rusa, pero con menos protección. Cierro los ojos y me lanzo. Luego mi excesivo sentido de la responsabilidad (otro defecto o virtud, según se vea) me obliga a hacerme cargo de las consecuencias.

Pero es que hasta para comprar ropa, una de las cosas que más me gusta hacer, soy un “no sé” andante. Y si resulta que voy sola a las tiendas, ya es poco menos que imposible.

La mezcla entre cuestionarlo todo y el constante ¿qué hago? Es una bomba de tiempo. Todo el tiempo reviso cada aspecto de mi vida y me pregunto si es hora de cambiarlo. Por suerte y para mantener la poca cordura que me queda, existe lo que yo llamo “anclas” que son las cosas de mi vida que no cambiaría por nada. No cambiaría nunca la relación con mi familia, ni algunos de mis hábitos como leer y escribir. Tampoco cambiaría a mis amigos que, buenos o malos, han sabido aguantarme durante una pila de años.

Lo demás, todo lo demás, desde lo que voy a ponerme por las mañanas, pasando por mi corte de pelo, la comida del mediodía, mi trabajo actual y hasta el lugar donde vivo son susceptibles de cambiar y yo me hago la pregunta con demasiada frecuencia ¿deberían ser así? ¿esto es lo mejor que puedo estar? ¿cómo saberlo? ¿qué hacer para mejorar?

No me gusta tirar por la borda proyectos y relaciones que he construido durante años, pero detesto la idea del estancamiento, ni pa-tras, ni pa-lante.

Hoy es el tercer día del año y, de paso, domingo. Tengo todo un año por estrenar o al menos tengo esa ilusión. Y digo yo ¿será que este año si?

02 enero 2010

La Busaca y el 2010

Hoy es el primer día del año y llevo un buen rato releyendo todo lo que he ido metiendo en esta busaca durante los últimos años. He estado riendo y llorando por los recuerdos, por esas ganas de contar cosas que no se si se ha dormido pero que indudablemente no ha mantenido el ritmo. Los primeros años venía todo el tiempo, este último año, sólo una vez.
La vergüenza es conmigo misma, porque para mí la Busaca nunca estará vacía...
Empieza este año. 2010. Un número bonito, par, redondito. Los propósitos, casi los mismos porque porsupuesto que no los he cumplido en su gran mayoría.
Sólo un deseo: este año quisiera no tomarme tan en serio la vida, reirme un poco de ella, vacilármela y pasar más tiempo en este hogar que yo he construído letra a letra, la Busaca.
Si hay alguien por ahí, simplemente, gracias.