10 enero 2007

Nostalgia

Un rayito de sol se cuela por la persiana. Es intenso. Me despierta. Me pregunto qué hora es, dónde estoy. Veo las fotos de la habitación y se cuela una sonrisa en mi cara. Estoy en casa.

Es triste y feliz a la vez. Es volver y preguntarme dónde he estado todo este tiempo. Las cosas están iguales. Un poco gastadas, porque aquí el sol implacable lo desgasta todo.

No sé si ya los paisajes no son los mismos. O yo no soy la misma. Intento sonreír. Respiro la brisa de la playa y me lleno los pulmones. Vuelve a colarse una sonrisa. También un dolor en la boca del estómago.

Me baño con perolito porque no hay agua. El café ya está listo a esta hora, como todos los días, con sabor a canela. El lago brilla por todas las ventanas, así, tan divo como siempre, tan rey de todo. Bajo a la calle y comienzan a sentirse los olores del almuerzo, los aromas deliciosos de las escaleras de mi infancia. Se oyen los gritos altaneros vendiendo cualquier cosa, anunciando lo cierto y lo falso. Se ve la vida, una vida que se me antoja cansada, contra corriente.

Si, todo está más viejo. La gente y las cosas. La piscina no tiene agua. La playa está sola, le han dado la espalda. El árbol donde tenía mi casita está en el suelo. El banco donde me dieron un primer beso lleno de brisa, está roto. Sienten desprecio por lo viejo. Todos quieren objetos nuevos. Una nueva ciudad. Y yo añoro la vieja. Las casas de antes, las que eran de aquí. Esas casas que no envidiaban el “estilo americano”, ni italiano, ni francés.

Hoy me alegro de mi nostalgia, la que nos recuerda que hemos vivido momentos felices. La que deja en mi mente fotografías imborrables, colores vivos del Caribe, calor sin aire acondicionado.

Siento que, dentro de pocos días, dejaré los últimos vestigios de algo que me perteneció y a lo que pertenecí. Algo que arranqué o me fue arrancado como una cinta pegante sobre la piel, duele y deja rojeces. Dejo mi casa sin saber si la encontraré en pie nuevamente. Le pido a mi memoria que luche contra tanto borrador, que me deje al menos los paisajes, las sonrisas de la niñez, los olores y esa sensación de brisa de lago, pegajosa e intensa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A ver chica superpoderosa....Ya no eres la misma, has crecido, evolucionado. Tu corazon sigue siendo el mismo: sencillo, intenso, gigate e incorruptible.
Tu casa siempre sera tu casa, con mas o menos polvo, con mas o menos colores, ese banco siempre estara nuevo y tu casita del arbol siempre estara alli....en tu corazon, junto a tus recuerdos
Se libre, vuela en libertad....
F.

Pilar Faneite dijo...

La saudade no es mala. Nos recuerda quiénes somos, nos hace fijarnos de nuevo en todas nuestras marcas, las que no se ven en la piel, las que de verdad importan... Feliz vuelta a tu otrac casa! :)

Anónimo dijo...

Es una sensación indescriptible a la que tus palabras se le acercan de forma impresionante, yo me he declarado nostálgica dese hace un tiempito, pero no porque quiera vivir del pasado, sino porque recordarlo me parece ahora la mejor manera de recuperar cosas con colores puros que tanta falta nos hacen de vez en cuando. La perspectiva que uno tenía de pequeño es imprescindible para mirar lo recorrido y lo que queda por recorrer... para refresacr la mirada del presente (bueno eso creo o es mi terapia ahora)
besos busaca que bueno que tienes la oportunidad de sentir estas maravillas!!!! y de escribirlas como nadie!
besos muchos.
Laonza

Lara dijo...

¿Dónde está el maternal Canaima? ¿Qué pasó con "Calle Vieja"? ¿y "Contesta por Tío Simón"? ¿Qué hubo de "alegre despertar" y "tardes felices"?

Mis letras están hechas de todo eso... están confeccionadas del edificio Santa María antes de las remodelaciones, de la playa que dejaba manchas negras en el traje de baño y de la piscina llena de agua...