25 enero 2007

3 + 1

La destartalada cabecita de anime al final tenía razón. Su cursi cartelito decretó "amigas por siempre", sin una pizca de temor a equivocarse. N. conserva al horrible muñequito junto a los recuerdos de nuestra insufrible adolescencia plagada de corazoncitos e iniciales de los primeros amores.
Ahora ella tiene dos grandes amores y otro en camino, pero sus lágrimas de sueño no han cambiado con los años. Tampoco esa dulce sonrisa que te recuerda que todo está bien y que estas niñas son mujeres sólo por un accidente de la naturaleza incapaz de rozar siquiera nuestra esencia.
L. también ostenta una sonrisa impermeable a los chaparrones del tiempo. Esta es una sonrisa de madre acariciadora de cabezas atormentadas, aliviadora de todo tipo de males. Esta sonrisa se crece en las adversidades y se convierte en carcajada sonora con instantánea facilidad.
N(2) es la reina de la fiesta, incluso después de descubrir por las ventanas de esa estructura bien diseñada (como todas las suyas) se sale un chorro de corazón caudaloso y sensible. Impetuosa e indetenible, nunca esconde nada, no tiene porqué. Aún con el alma remendada, alarga la mano hasta donde a los demás nos haga falta.
Yo, Dartagnan alocado, inseguro, inestable y con lentes de falsa intelectualidad, sólo puedo agradecer a la vida con estas palabras torpes por tan inmerecidas mosqueteras.

21 enero 2007

As long as it lasts

Mi intención de contenerme fue inútil. Desobedientes, los dedos de mi mano derecha se hundieron en tu pelo, mientras el señor que toca el tambor en mi pecho* aceleraba el ritmo hasta niveles casi mortales.
La suavidad de tu alma comenzó a derramarse hacia fuera, hacia tu piel. El cielo quiso formar parte y las estrellas miraron hacia abajo. Una de ellas, junto a la luna, se estampó en mi ombligo. Tú tocaste a los astros y decidiste quedarte, magnetizado.
Mientras, los constantes azotes de ese mar llamado miedo intentaban hacerme retomar la tristeza del control, la muerte de la vida sin vida.
Aguanto. Aún con el riesgo de un enésimo naufragio. Mis dedos vuelven a hundirse, y deciden quedarse.

*Orig. de la hirma

10 enero 2007

Nostalgia

Un rayito de sol se cuela por la persiana. Es intenso. Me despierta. Me pregunto qué hora es, dónde estoy. Veo las fotos de la habitación y se cuela una sonrisa en mi cara. Estoy en casa.

Es triste y feliz a la vez. Es volver y preguntarme dónde he estado todo este tiempo. Las cosas están iguales. Un poco gastadas, porque aquí el sol implacable lo desgasta todo.

No sé si ya los paisajes no son los mismos. O yo no soy la misma. Intento sonreír. Respiro la brisa de la playa y me lleno los pulmones. Vuelve a colarse una sonrisa. También un dolor en la boca del estómago.

Me baño con perolito porque no hay agua. El café ya está listo a esta hora, como todos los días, con sabor a canela. El lago brilla por todas las ventanas, así, tan divo como siempre, tan rey de todo. Bajo a la calle y comienzan a sentirse los olores del almuerzo, los aromas deliciosos de las escaleras de mi infancia. Se oyen los gritos altaneros vendiendo cualquier cosa, anunciando lo cierto y lo falso. Se ve la vida, una vida que se me antoja cansada, contra corriente.

Si, todo está más viejo. La gente y las cosas. La piscina no tiene agua. La playa está sola, le han dado la espalda. El árbol donde tenía mi casita está en el suelo. El banco donde me dieron un primer beso lleno de brisa, está roto. Sienten desprecio por lo viejo. Todos quieren objetos nuevos. Una nueva ciudad. Y yo añoro la vieja. Las casas de antes, las que eran de aquí. Esas casas que no envidiaban el “estilo americano”, ni italiano, ni francés.

Hoy me alegro de mi nostalgia, la que nos recuerda que hemos vivido momentos felices. La que deja en mi mente fotografías imborrables, colores vivos del Caribe, calor sin aire acondicionado.

Siento que, dentro de pocos días, dejaré los últimos vestigios de algo que me perteneció y a lo que pertenecí. Algo que arranqué o me fue arrancado como una cinta pegante sobre la piel, duele y deja rojeces. Dejo mi casa sin saber si la encontraré en pie nuevamente. Le pido a mi memoria que luche contra tanto borrador, que me deje al menos los paisajes, las sonrisas de la niñez, los olores y esa sensación de brisa de lago, pegajosa e intensa.