27 septiembre 2006

Adiós

Perdona si hoy no te pregunto cómo estás. No es que no me importe, es que hoy tengo el alma un tanto anestesiada. ¿Cómo te lo explico? no ha sido un buen día, chico.

Mi corazón sigue latiendo. Y eso que se ha mojado, secado, ha sido arrugado, planchado y vuelto a arrugar. Se le ha derramado café encima, tiene huequitos de cigarrillo. Se ha roto en varias partes y lo he pegado con pega loca. Se ha rasgado y yo lo he remendado con hilo y aguja. A veces le he puesto parches de colores. Se ha caído al suelo, por eso está un poco magullado, con raspones y algunas cicatrices. Le faltan trocitos aquí y allá. Algunos los han robado, otros los he regalado con gusto. Otros se quedaron pegados a una poesía o a una imagen por la calle. Algunas partes se han hundido quién sabe porqué. Otras se han abultado.

Tiene la belleza de todo aquello que ha visto pasar la vida por arriba, por abajo, por delante, por detrás, por dentro y por fuera. Es aún inocente porque le falta mucho por ver, oir, tocar, oler y sentir.

Pero hoy ¿cómo te explico de nuevo? está ahí, callado, sin ganas. Este adiós de todos los adioses lo ha dejado un poco sin identidad. Y yo no sé si sigue dentro o si se ha ido con él para siempre.

¿Podrás disculparme?

24 septiembre 2006

Soy mi cuerpo

SOY MI CUERPO. Y mi cuerpo está triste, está cansado. Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.

Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.

Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío. Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.

Quiero dormir un mes, un año, dormirme. Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo. Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.

Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.

(Jaime Sabines, él lo dijo mejor de lo que yo podría)

09 septiembre 2006

Victoreto



“Tu hijo va a ser el orgullo de la familia. Él y su guitarra van a recorrer el mundo”. Eso le dijo una bruja a mí mamá hace un montón de años. Ella veía el futuro de la gente a través de la cédula. La ponía detrás de una lupa de esas de hacer limpieza de cutis y soltaba su perorata de augurios, buenos y malos.

Recuerdo que cuando tú eras un peloncito de pocos meses y yo tenía tres años (juro que lo recuerdo) iba por ahí diciéndoles a todos mis amiguitos que tú eras el bebé más bello del mundo. Y lo eras.

Después pasaste a ser ese personaje molesto a más no poder que se llama hermano menor, pero qué remedio, ahí estabas. Fiebrúo, totalmente fiebrúo. Primero, los muñequitos de la Guerra de las galaxias, después los de he-man (hasta que te robaron una bolsa llena por dejarlos en la escalera del edificio), luego los peces (tuviste dos peceras), mas tarde el heavy metal (grrrrrrr) y finalmente, definitivamente y afortunadamente, la guitarra.



También te dio por jugar fútbol, béisbol, hacer karate, atletismo, tocar melódica, redoblante, trompeta y cantar en un coro. Y luego, por estudiar periodismo, habrase visto.

Una vez me diste un golpe. Yo, que me aprovechaba de ser mayor, te perseguí por toda la casa y me vengué con unos cuantos. Sabías que no podías volver a pegarme, pero te daba rabia, así que te quejabas de que sólo me habías dado uno. “A palabras eléctricas, oídos desenchufados” te decía yo. “Mis palabras no son eléctricas” gritabas tú. El punto final, triste para ti, fue cuando mi papá llegó y te dijo que a las mujeres no se las tocaba ni con el pétalo de una rosa.

También otro día, disfrazándome de alguna cosa, te manché una de tus franelas OP, tesoros preciados. Aún hoy me lo recuerdas. Así como la vez que se disparó la alarma de la camioneta y yo me puse a llorar del susto, como una tonta.

Siento que crecí escuchando tus melodías. Tus errores al estudiar con la guitarra, que para mí fueron un privilegio. Una banda sonora para mi vida.

Luego te fuiste y fue duro, muy duro. Pero el viento soplaba a tu favor. Y hoy lo sigue haciendo. Me alegro de haber compartido la cara de satisfacción con la malta del camino, de todos los juegos y las risas y de que mis manos se parezcan tanto a las tuyas, aunque sean incapaces de crear tanta maravilla.

Me disculpo por tu OP, mis golpes y no estar cerca durante tantos años. Pero no olvido que fui tu primera fotógrafa y me siento terriblemente orgullosa de que la bruja vaya teniendo razón. Sigues siendo el principal en mi banda sonora. Te quiero.